A Juan Pablo Molina, apicultor y fundador de JPM Exportaciones, la miel le corre por sus venas. Fue en un viaje a la sureña Isla de Chiloé en el año 1987 cuando vio como las abejas sacaban el polen de las flores y lo depositaban en las colmenas. Fue ahí que pudo observar como el apicultor desarrollaba su oficio y comprender que todo esto dependía de la naturaleza.

Hoy JPM Exportaciones envía al extranjero más de 2.500 toneladas anuales de miel y posee una moderna planta y laboratorio, que le permiten exportar un producto que cumple con la rigurosa legislación de los países europeos y norteamericanos.

Una de las claves del éxito de JPM Exportaciones ha sido comprender  el mercado de la miel íntegramente, Desde que el apicultor ubica sus colmenas en los bosques y campos, la recolección, el traslado, la homogeneización y todas sus distintas etapas.

JPM Exportaciones construye su propuesta sobre el convencimiento de la necesidad de hacer transitar a los apicultores desde proveedores de mieles

commodity a proveedores de mieles especiales. Para ello existen alianzas con más de 800 apicultores donde se les asesora y capacita en manejo productivo, sanitario y alimenticio de abejas.

Otra clave del éxito ha sido la capacidad de entendimiento y de dar respuesta a las necesidades del mercado: “Los consumidores son quienes guían el desarrollo de productos en la industria de los alimentos, pues sus decisiones se transmiten de tal forma que afecten la manera en que se articulan los actores de la cadena de marketing”, es decir, la decisión de compra de un consumidor afecta la forma de producir de los apicultores, el proceso de industrialización y la forma de vender.

Pero con toda seguridad la esencia del éxito está dada por el amor al oficio y el enfoque positivo para enfrentar los desafíos. Pasión que su fundador ha sido capaz de traspasar a sus hijos, y que ha llevado a JPM Exportaciones a superar dificultades como el derrumbe de su planta en el terremoto del año 2010 y a convertirse en una empresa familiar donde a todos les corre la misma miel por las venas.